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10
de junio de 2009
- PRO-SALUD News |
Para
prevenir el sobrepeso y la obesidad a
futuro
Recomiendan no sobrealimentar a los más
chicos
Una investigación publicada en Estados
Unidos, de la que participaron nenas y
varones alimentados con leche de fórmula y
papillas, sugiere que los padres deben
evitar la insistencia y advertir cuándo
los niños sienten saciedad. Para eso, y
fundamentalmente en el caso de los bebés
que aún no pueden darse a entender, es
importante prestar atención a los gestos.
Otro factor que se asocia al incremento de
peso es la cantidad de comidas que se
suministran por día. |
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Buenos Aires -
"Las madres que tienden a ignorar la
negativa de sus hijos e insisten con la
administración de alimentos aun cuando los
chicos ya se sienten 'llenos', lejos de
ocasionarles un bien, estarían
contribuyendo a un futuro incremento de
peso".
Esta es la principal conclusión a la que
arribaron los científicos de la
Universidad de Rutgers en Nueva Jersey,
Estados Unidos, luego de llevar adelante
una experiencia de la que participaron
casi 100 familias cuyos niños eran
alimentados con leche de fórmula y
papilla, dejando de lado la lactancia
materna.
El estudio se concretó a través de la
realización de entrevistas y visitas
durante las cuales fue posible evaluar dos
factores que contribuyen, durante los
primeros años de vida, a generar
condiciones que en el futuro podrían
incrementar las posibilidades de
desarrollar sobrepeso y obesidad.
Estas son, por un lado, la conducta de las
madres en lo referido a insistencia y
excesos en la administración de alimentos
en cada una de las comidas; y, por el
otro, la cantidad de veces que los bebés y
niños recibían alimento diariamente.
El incremento de peso, tal como consta en
la publicación de los resultados por parte
de la revista especializada Journal of
Nutrition, Education and Behavior, fue
constatado a los tres, seis y doce meses.
Sin embargo, durante la investigación no
sólo se realizó la 'comprobación visual'
de la situación de cada hogar, sino que
además se tuvieron en cuenta otros
factores como por ejemplo el peso y la
talla de los bebés, el Índice de Masa
Corporal (IMC) de la madre antes y durante
el embarazo, y el tipo de comida que los
niños ingerían en las ocasiones en las
cuales no eran alimentados con leche.
"Si bien ningún factor de los analizados
resultó determinante en el período que va
desde el nacimiento a los seis meses de
vida, sí lo fueron entre ese momento y el
año. Durante ese lapso, el más importante
es la desatención de las madres con
respecto a las negativas de los chicos.
Desde este punto de vista, cuando un niño
pone caras, hace gestos, mueve las manos,
se aleja del plato o la cuchara, o en el
caso de los que ya pueden hablar
simplemente dice 'mamá no quiero más', es
conveniente frenar, retirar el plato y
continuar más tarde o al día siguiente",
señalaron los responsables del ensayo.
Cabe destacar que la inapetencia
desatendida y contrastada con la
insistencia por incorporar determinado
alimento es, a su vez, un factor que entra
a jugar y favorece el desarrollo de la
neofobia, un trastorno definido como el
temor o la negativa a la incorporación de
determinados alimentos. De ocurrencia muy
frecuente en chicos, en la "lista negra"
de los alimentos que los niños suelen
rechazar se cuentan los pescados, las
frutas y sobre todo las verduras.
"Una alimentación más frecuente,
especialmente con lactancia artificial, es
un target fácil sobre el cual cargar la
culpa. Pero insistimos sobre la
sensibilidad maternal referida al estado
de saciedad del niño porque se trata de un
factor que sugiere una predisposición a no
frenar el ritmo de ingesta. La
sobrealimentación es más probable cuando
los chicos se alimentan con mamadera, ya
que la necesidad de las madres de seguir
administrando alimento puede deberse más
al signo visual de un recipiente sin
terminar que a las señales de saciedad de
su hijo", añadieron.
"Queremos expresar que creemos que es
sumamente importante que las mamás y los
papás cuenten con el asesoramiento
adecuado, ya sea de un pediatra o de un
nutricionista infantil, sobre la manera en
que deben alimentar a sus hijos",
concluyeron los investigadores
estadounidenses.
Para conocer la opinión de un especialista
local, Pro-Salud News se puso en
contacto con la doctora Marcela Paz,
médica pediatra, coordinadora del servicio
de Alimentación del Área de Pediatría del
Hospital Italiano de Buenos Aires (HIBA),
quien al ser consultada sostuvo: "Entre
los seis meses y el año del bebé, los
padres comienzan a ofrecer a sus hijos
toda clase de alimentos logrando, en
general, buena aceptación. No obstante,
con el correr de los años, los niños van
desarrollando cierta selectividad hacia la
comida".
"En ese momento -continuó- si la mamá y el
papá recortan la oferta, los chicos
terminan alimentándose sólo con los platos
ofrecidos, que por lo general suelen ser
los más calóricos. Entonces, lo que hay
que hacer es insistir pero con prudencia y
paciencia, generando intervalos de comidas
e incluso días", afirmó.
Número de matrícula del especialista
consultado
- Doctora Marcela Paz: M.N. 72.507
Para mayor información:
- Journal of Nutrition, Education and
Behavior:
http://www.jneb.org
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