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1º
de septiembre de 2010
- PRO-SALUD News |
La opinión de los especialistas
El miedo
al dentista, ¿una fobia desterrada?
El cambio en la relación médico-paciente,
los avances tecnológicos y las
posibilidades estéticas que ofrece la
especialidad, favorecen que -lentamente-
ésta se vuelva más amigable. Sin embargo,
es sumamente importante escuchar a la
persona que concurre al consultorio, así
como también brindarle toda la información
y las explicaciones necesarias. |
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Buenos Aires -
“Todo el mundo odia a los detectives y a
los dentistas”, afirma el irónico Lew
Archer, personaje antológico de la novela
policial negra “La piscina de los
ahogados”, de Ross MacDonald.
Con esa simple frase el autor logra la
identificación casi inmediata por parte
del lector. Es que, ¿quién no ha sentido
un raro cosquilleo en el cuerpo al menos
una vez en su vida al sentarse en la silla
del odontólogo?. Ese sentimiento, ¿es odio
como sostiene el personaje o es temor?. Si
así fuera, ¿se trata de un simple miedo o
una poderosa fobia?.
En principio se puede decir que es un poco
de todo. Ocurre que el dentista, al igual
que muchos otros médicos sumamente
especializados infunde un poco de temor
mezclado con respeto. Y si a eso se le
suma que suelen manejar “poderosas armas”,
el combo puede resultar fatal.
Sin embargo, si bien para algunos hay
cosas que toda la vida son iguales, para
otros la realidad cambiante ofrece
alternativas válidas. Así, ¿es posible que
el miedo al dentista poco a poco haya sido
desterrado?.
“Yo creo que el temor al dentista es una
realidad. No obstante hay algo positivo:
en los últimos años como consecuencia de
dos cambios fundamentales, esto ha
comenzado a mermar”, comentó en
declaraciones a PRO-SALUD News el
doctor José Heriberto Rodríguez,
odontólogo, especialista en Cirugía y
Traumatología Bucomaxilofacial e
Implantología Dentaria y docente
autorizado de la facultad de Odontología
de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
“El primero de esos dos cambios
fundamentales tiene que ver con la
evolución de la relación médico paciente.
Afortunadamente pasamos de una cuestión
más vertical en la cual no sólo al
paciente nadie le explicaba nada, sino que
además estaba prácticamente prohibido
preguntar algo, a una más horizontal que
abre la puerta para el desarrollo de
charlas, intercambio de información y en
algunos casos amistades. Es esa
‘nivelación’ respecto a la situación del
paciente (cualquiera sea ésta), lo que le
permite al odontólogo llegar a él, algo
que es importantísimo para el éxito de un
tratamiento terapéutico”, explicó el
especialista, también miembro titular de
la Asociación Médica Argentina (comité
bucomaxilofacial) y posgraduado en
Implantología y Rehabilitación Oral en la
Universidad de Nueva York.
Respecto a la segunda cuestión, el
doctor Alfredo Bruno, miembro del
Círculo Argentino de Odontología (CAO),
remarcó en diálogo con esta agencia
que “el miedo existe todavía aunque los
cambios tecnológicos han ayudado a
modificar la situación”.
“Este es otro de los temas fundamentales:
creo que el hecho de poder transformar,
por mencionar un ejemplo, las grandes y
temibles agujas para anestesia que se
usaban antes por otras más nuevas simples
y finitas como cabellos ha posibilitado
bajar un poco el nivel de ansiedad que se
genera al entrar en un consultorio
odontológico”, postuló Heriberto
Rodríguez.
“Por otro lado y fundamentalmente gracias
a Internet, el paciente cuenta con mucha
más información. Esto implica que llega al
consultorio con datos concretos, sabe que
le van a hacer y sobre todo pregunta.
Personalmente creo que el mejor paciente
es aquel que es ‘culto’ en cuanto a las
prestaciones odontológicas porque eso nos
permite a los profesionales no sólo
proceder con mayor tranquilidad, sino
también hablarle desde otro lugar –y
generar otro tipo de relación-, y además
ofrecerle cosas cada vez más novedosas en
cuanto a tratamientos. Igualmente no
debemos olvidar que ir al dentista
presenta un montón de connotaciones cuyos
efectos serán diferentes en cada persona”,
sostuvo por su parte en declaraciones a
PRO-SALUD News la doctora Eleonora
Trilnik, odontóloga odontopediatra,
especialista en Marketing en Salud y
diplomada en Gerenciamiento de Empresas de
Salud.
Retomando la cuestión del progreso, si a
los avances tecnológicos se le suman las
cirugías laparoscópicas que son
minimamente invasivas, poco dolorosas y
tienen un mejor postoperatorio, podría
decirse que la evolución ha generado el
escenario propicio para que ir al dentista
ya no sea una experiencia tan traumática.
En este sentido, es muy importante que
para fomentar y fortalecer la confianza
del paciente en su médico, éste cuente con
un consultorio debidamente equipado, en el
cual sea posible hallar todo tipo de
instrumentos aunque éstos se utilicen sólo
una vez por año.
“Yo sostengo que para que un tratamiento
sea eficaz debe estar compuesto en un 50
por ciento por una buena relación
médico-paciente, y en otro 50 por ciento
por una adecuada capacitación técnica”,
afirmó el doctor Heriberto Rodríguez,
quién además aportó un tercer aspecto
fundamental que ya está empezando a
cambiar el concepto que se tenía del
dentista: la utilización de la odontología
con fines estéticos.
“Hoy ir al dentista ya no significa un
sufrimiento porque se piensa que también
es una oportunidad para embellecerse. Es
sabido que la noción por el cuidado del
cuerpo y la estética es cada vez mayor. En
ese contexto los implantes por ejemplo
aparecen como una posibilidad para
sentirse mejor, aumentar la autoestima y
la confianza, sin mencionar que es posible
mejorar la función masticatoria y la
estética”, continuó Heriberto Rodríguez.
Sin embargo, de acuerdo con los
especialistas, un aspecto que no debe
dejarse librado al azar es el diálogo. Es
importante sentarse con el paciente,
contenerlo, ver cuál es la situación que
se tiene delante y explicarle todo lo que
sea necesario.
“El dentista tiene el deber de curar al
paciente de una determinada dolencia, pero
también de embellecerlo y fundamentalmente
de brindarle información para que pueda
prevenir patologías. Por eso creo que es
fundamental ‘curar en salud’ y organizar
citas cada seis meses aproximadamente, de
manera de controlar las posibles
situaciones que se vayan generando pero
además trabajar sobre cuestiones clave
como la limpieza de las piezas dentarias o
el cuidado de las encías. Siempre que
termina una consulta el paciente debe irse
del consultorio con una nueva fecha de
visita”, concluyó la doctora Trilnik.
Porque mientras para unos ir al dentista
representa un momento de ansiedad para
otros es algo sumamente traumático y para
algunos más –como el extraño Lew Archer-
una situación sumamente odiosa.
Número de matrícula de los especialistas
consultados:
- Dr. Heriberto Rodríguez: M.N.: 10.769
- Dr. Alfredo Bruno: M.N.: 7.989
- Dra. Eleonora Trilnik: M.N. 8.422 |
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