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19
de enero de 2012 – PRO-SALUD News
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Hay que
medir periódicamente la talla, el peso y
el contorno de la cabeza
Los controles durante la infancia son
claves para detectar trastornos de
crecimiento
En el curso del primer año de vida es
necesario cumplir con esta rutina todos
los meses. Luego los chequeos pasan a ser
trimestrales, y finalmente semestrales.
Cuando los chicos son más grandes hay que
determinar si se encuentran cursando la
pubertad y en que estadío. |
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Buenos Aires - De acuerdo con las
recomendaciones de los médicos pediatras,
durante los controles realizados en la
infancia es fundamental cumplir con tres
medidas fundamentales que permiten
detectar anomalías o trastornos de
crecimiento.
Concretamente la medición de la altura, el
peso y el perímetro cefálico o contorno de
la cabeza permiten evaluar si existe
alguna anomalía, y en caso afirmativo
iniciar el tratamiento que corresponda.
No obstante, tal como afirman los
especialistas, en muchas ocasiones estas
medidas preventivas no se realizan, con lo
cual se pierde la posibilidad de tratar
ciertos trastornos asociados al
crecimiento que podrían tener resolución.
"El diagnóstico tardío de los trastornos
del crecimiento es el principal problema
con el que lidiamos a diario. Esta demora
genera, básicamente, que cuando el niño y
su familia llegan a la consulta con el
especialista el cuadro está muy avanzado.
En muchos casos esa situación nos
dificulta la compensación total del
déficit", refirió al ser consultado por
PRO-SALUD News el doctor Ignacio
Bergadá, médico pediatra
endocrinólogo, jefe de la división de
Endocrinología del Hospital de Niños
Ricardo Gutiérrez.
El especialista también especificó que la
mejor opción para detectar precozmente
trastornos del crecimiento está dada por
la posibilidad de realizar, en el marco
del control pediátrico de rutina, la
medición de la talla y el peso del niño,
comparándolo con el patrón de normalidad
correspondiente.
En el caso de la talla, la estatura baja
indica la presencia de trastornos óseos,
enfermedades crónicas (cardiopatía
congénita, nefropatía, asma, artritis
juvenil, celiaquía, diabetes y otras) y
trastornos genéticos (síndrome de Down, de
Turner, de Williams, de Noonan, etc.); así
como también déficit de hormona de
crecimiento, infecciones prenatales,
desnutrición -un problema creciente en
nuestro país- y crecimiento intrauterino
deficiente, entre otras patologías.
Debido a la multiplicidad de patologías
asociadas a los parámetros de referencia,
los controles periódicos son fundamentales
porque representan la única forma de tener
datos claros y objetivos.
"Durante el primer año de vida, los niños
deben medirse y pesarse mensualmente;
luego el control es trimestral, y a medida
que la edad avanza, en forma semestral.
Además de los parámetros de peso, talla y
perímetro cefálico, es importante evaluar
si se encuentran en la pubertad, y en que
estadio", expuso por su parte la
doctora Ana Keselman, médica pediatra
endocrinóloga, miembro del Servicio de
Endocrinología del Hospital de Niños
Ricardo Gutiérrez.
"En los primeros años los padres tienen
una percepción de los hijos que con el
ingreso al jardín o al colegio -y por ende
al tener que inevitablemente 'compararse'
con otros chicos de su edad- puede variar.
Es así donde debe actuar el pediatra para
realizar la eventual derivación a un
endocrinólogo", agregó la doctora Keselman.
No obstante, cuando esta "cadena" no se
cumple, se llega a la situación planteada
inicialmente en la cual es protagonista el
retraso en la consulta. Muchas veces una
simple señal como que el niño no cambia de
número de zapatillas o de talle de ropa,
deberían ser suficientes para motivar una
consulta inmediata con el pediatra.
"A mi entender la falta de detección tiene
que ver con tres factores. En primer
lugar, es bastante frecuente que los
padres no lleven a sus hijos al médico
pediatra si no padece ningún problema
agudo de salud. En segundo lugar, cuando
eso ocurre los pediatras atienden la
consulta aguda y dedican la visita médica
a resolver ese problema y no siempre le
destinan el tiempo para controlar la talla
del paciente. Por último, si bien en
general es el médico pediatra quien
realiza la detección del problema de
crecimiento, hoy en día la evaluación debe
ser efectuada indefectiblemente por un
especialista en endocrinología infanto-juvenil,
lo cual no siempre es el caso", refirió el
doctor Bregada.
Curvas de crecimiento
A fin de contar con un parámetro que
permita evaluar la "normalidad", periódica
del crecimiento, en cada lugar se elaboran
guías que contienen datos representativos
de niños de determinada población y edad.
Para ello, muchos países cuentan con la
referencia del patrón normal para cada
población en particular, datos que están
plasmados en las llamadas "tablas de
percentilos".
"En el caso de Argentina, las curvas
fueron reevaluadas y publicadas en
Archivos Argentinos de Pediatría en el año
2008 por el Comité Nacional de Crecimiento
y Desarrollo de la Sociedad Argentina de
Pediatría, en niños y niñas menores de 5
años", informó la doctora Keselman.
Terapia sustitutiva con hormona de
crecimiento
Cuando un niño tiene una alteración
hormonal del crecimiento, los signos
pueden ser poco aumento de estatura en
bebés, niños o adolescentes; rostro de
apariencia menor al de otros niños de la
misma edad; cuerpo regordete, manos y pies
pequeños, y desarrollo muscular
insuficiente; bajo nivel de glucosa en la
sangre (en bebés y niños pequeños); pene
muy pequeño (en recién nacidos varones);
retraso en la pubertad; signos clínicos
neuro-oftalmológicos tales como alteración
de la visión, cefaleas, convulsiones; y
otros.
La importancia de detectar precozmente
estos signos es grande porque es la única
vía para poner en marcha el tratamiento
sustitutivo, indicado cuando existen
alteraciones en la secreción de hormona de
crecimiento.
Número de matrícula de los especialistas
consultados:
- Dr. Ignacio Bergadá: M.N. 60.743
- Dra. Ana Keselman: M.N. 68.069 |
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